Tuve la oportunidad de conocer un tipo brillante, un hombre inteligente y culto. Egresó de la mejor universidad del país, con buenas calificaciones en ingeniería. Lector asiduo a la historia, a los mejores libros de negocios y de marketing.
Afable con las personas, atento y educado. Creador de buenas ideas.
El problema es que al momento de poner en movimiento las ideas y el conocimiento, no conseguía avanzar más de un milímetro por año.
¿Por qué tan baja su productividad?
Además de hacerle el trabajo a sus subalternos (error llamado “delegación invertida”), se agregaba problemas “a la mochila” permanentemente.
Era común verlo aceptando ayudar a todos y resolver cuanto problema apareciera por delante.
Podríamos definirlo como un solucionador de problemas.
Todo su equipo descansaba en él y lo mantenían controlado, absolutamente dominado a través de la entrega permanente de problemas que resolver; una forma inteligente de anular a una persona.
¿Cómo podría nuestro ingeniero salir de la trampa?
Con 3 simples preguntas que debe hacerse con rigor oriental cuando está frente a un problema.
- Si no hago nada, el problema ¿se arreglará solo?
- Si no, ¿cómo resolverlo sin hacer nada? ¿Lo puede hacer otro miembro del equipo?
- ¿Cómo lo resuelvo haciendo el mínimo? ¿Puedo contratar a quien lo resuelva?
Hay problemas que se resolverán solos, caerán por su propio peso. Y no es urgente resolverlos. Esta pregunta (¿se arreglará solo?) lo ayudará a descartar un buen porcentaje de su lista de cosas por hacer.
Si no puede resolverse solo, es otro quien debe resolverlo. Pero no pierda de vista que los más talentosos de su equipo deben estar frente a las mejores oportunidades, no frente a los principales problemas.
Y si no puede delegar el problema, contrate la solución.
Delegue o tercerice. Nadie puede reemplazarlo en el corazón de su negocio.
Para los problemas, hay otros que pueden hacer el trabajo.
Recuerda que si eres un gerente a cargo de un equipo de ventas y realmente quieres que tus vendedores mejoren, podemos ayudarte.